América Latina está asumiendo un nuevo papel en la geopolítica internacional. En 2008 un país suramericano (Brasil) presidió la reunión del G-20 en Washington, y otros dos (México y Argentina), participaron por derecho propio en la reunión. Pero el peso regional en los organismos multilaterales institucionales, no es sólo político. La importancia que además le está dando a la región su presencia en los mercados energéticos y la relevancia que ha adquirido en la carrera armamentista mundial, está imponiendo a los países de la región un papel con mayor protagonismo y más riguroso en el tratamiento de los temas.
América Latina se está proyectando como un actor internacional, y ésto no sólo le exige estar preparado para influir en la geopolítica mundial, sino también, tener claros los mecanismos más adecuados para darle curso o hacer viable ese propósito como actor relevante en el nuevo orden mundial.
Sin embargo, el panorama es bastante complejo. Por un lado, la coincidencia del afianzamiento de gobiernos que impugnan el liderazgo de los Estados Unidos en la región, con el objetivo de Brasil de conseguir el liderazgo en América Latina, han marcado el surgimiento de la Comunidad Suramericana de Naciones. Por otro lado está la Secretaría General de las Naciones Iberoamericanas y en medio de estos dos grandes jugadores internacionales, se encuentra la Organización de los Estados Americanos –OEA-, que también busca darle una presencia a la región en el mundo, y contribuir a resolver las tensiones y conflictos que se susciten entre los países miembros.
Consciente de la importancia que tendrá la intensa disputa por el liderazgo regional para el futuro de América Latina, y de la complejidad de los procesos de integración regional, el CITpax ha decidido abrir un espacio de análisis y reflexión que permita identificar alternativas de trabajo conjunto, para contribuir a un diálogo fluido entre las partes.
Se trata de un esfuerzo institucional que está orientado a promover el diálogo como fórmula para construir consensos que contribuyan a consolidar los procesos de integración política regional y que posicione cada vez más a América latina como un actor relevante del nuevo orden internacional.
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